Las personas somos un tipo de ser humano de carácter social que está destinado a vivir en sociedad y a llegar a acuerdos para tomar decisiones. Así, como algunos tipos de animales están acostumbrados a vivir solos toda su vida como por ejemplo algunos tipos de osos que se pasan media vida durmiendo e hibernando, los humanos debemos tener relaciones sociales.

Este tipo de relación social implica la necesidad de establecer vínculos de diferentes tipos, ya sean en nuestra vida cotidiana o profesional. Muchos de estos acuerdos se plasman mediante la redacción de un contrato que expresa por escrito todas las condiciones del acuerdo. Contratar algunos servicios como Yomvi o Netflix son un claro ejemplo de contrato.

¿Qué es un contrato o contratar?

Contratar se define como la acción de establecer un acuerdo, ya sea verbal o escrito, mediante el cual una de las dos partes se compromete a ofrecer un bien o servicio a cambio de que la otra parte lo retribuya con una suma de dinero o de otra forma totalmente distinta. Cualquier tipo de acción cotidiana implica la necesidad de contratar, aunque no se estipule por escrito como tal. Por ejemplo, cuando vamos al centro comercial o el supermercado a comprar una mísera botella de agua, que puede costar céntimos, estamos contratando dicho bien. Aceptamos las condiciones del comercial para pagar dicha cantidad por ese bien, que en ese caso sería la botella de agua.

En economía, es lo que se conoce como la curva de oferta y demanda, por la cual se acaba estableciendo el precio final del producto teniendo en cuenta múltiples factores como los márgenes de beneficio después de calcular tanto los costes fijos como variables que ha tenido ese bien y lo que vamos a ganar con su venta. Obviamente, además de criterios cuantitativos también se establecen otros criterios más cualitativos propios del marketing como podrían ser la intención de la compañía de competir por diferenciación, o en su lugar hacerlo por precio. Tomando en cuenta todos estos criterios se acabará decidiendo si finalmente se opta por un camino o por otro. Depende del público al que se dirija la marca y, obviamente de la competencia y del tipo de producto y del tiempo de conversión que pueda llegar a tener. Por ello, múltiples estrategias publicitarias también toman en cuenta estos tipos de criterios.

A nivel de Internet, todos conocemos esos anuncios que aparecen en función de lo que buscamos. Los productos que necesitan que el consumidor se lo piense más antes de adquirirlos también necesitan un tipo de publicidad totalmente distinto. Más allá de la adquisición de un producto, también podemos encontrar muchos tipos de contrato diferentes. Algunos, incluso, requieren la presencia de un notario para asegurarse que el procedimiento es totalmente correcto. Una boda civil, incluso, se firma un contrato de matrimonio delante de un juzgado. Cuando adquirimos una hipoteca con la entidad bancaria también firmamos un tipo de contrato. Las actas notariales, la firma de testamentos o herencias y diferentes tipos de documentos también pueden ser considerados como contratos.

A lo largo del tiempo, los contratos son uno de los documentos más antiguos que podemos encontrar. El inicio de las actividades comerciales, en la etapa de los fenicios, griegos, romanos y egipcios, se empezaron a utilizar este tipo de acción de una forma más simbólica. Antes de la aparición de los diferentes tipos de moneda, como los dracmas o los sestercios, se optaba por el intercambio de un bien por otro bien. En ese sentido, un que tenía mucha carne la intercambiaba por pescado con una persona que tenía mucho de eso. Siempre se intentaba que los intercambios fueran totalmente equitativos.

Beneficios de contratar

Con todo, contratar cuenta con numerosos beneficios para todas aquellas personas que optan por este tipo de acciones. Los más destacados son:

  • Las condiciones quedan claras. Uno de los principales beneficios de un contrato es que no hay lugar a sorpresas. Cada una de las condiciones que se estipulan se firman en los papeles del propio contrato y, por tanto, salvo que se hagan trampas todo queda reflejado.
  • Sanción si alguien se salta la normas. En este sentido, violar cualquier tipo de contrato puede tener consecuencias judiciales. Por ello, si alguien se salta tus normas no te preocupes porque puedes querellarte contra el que lo haya hecho.
  • Posibilidad de aceptar o no. Un contrato es parte de la democracia. Las condiciones quedan claras pero obviamente no es necesario aceptarlas si uno no quiere. Te presentan una oferta de trabajo y, en función de las condiciones, se pueden aceptar o no.
  • Ruptura del contrato. Un contrato no es vitalicio y puede romperse cuando uno lo desee. Obviamente, a la hora de firmarlo, hay que leer la letra pequeña antes de hacerlo. Puede haber cláusula de permanencia y, por tanto, una sanción si alguien se acaba marchando.

Cómo contratar

Cuando nos ponemos a pensar sobre las formas de contratar, existen múltiples maneras de hacerlo. Adquirir cualquier tipo de producto, como hemos dicho antes ya es una forma quizás más metafórica de conseguir una especie de contrato. Por tanto, ir a hacer la compra ya nos serviría como una forma de conseguir contratar. A cambio del pago de una cantidad monetaria, adquirimos un bien. Lo mismo ocurre con cualquier tipo de servicio. Ir al médico, iniciar cualquier tipo de tratamiento o contratar a un abogado también es otra forma de contrato. Incluso, cuando acudimos al banco para pedir cualquier tipo de crédito. Sin embargo, no solo hace falta pensar en este tipo de cosas para pensar en contrato bancario. Un plan de pensiones o invertir en bolsa también son productos financieros que requieren la firma de un contrato. En otros sectores, si necesitamos hacer trípticos online, también se firman contratos.

A nivel más social, contraer matrimonio también exige la firma de un contrato, ya sea a nivel civil o por la iglesia. Básicamente, porque estar casado ya pasa a influir en nuestra siguiente declaración de la renta. No es lo mismo a nivel fiscal vivir con tus padres, solo o estar casado que ser padre o madre. Por tanto, cuando tenemos hijos y los inscribimos en el registro civil ya estamos firmando un contrato aunque sea de tipo diferente. Si por cualquier razón, ya sea negligencia o malos tratos, nos quitan la custodia de nuestros hijos también deberemos firmar un contrato y contratar. Lo mismo ocurre con los divorcios ya que se debe contratar a un notario y firmar un contrato de ruptura y de reparto de bienes, si lo hiciera necesario. Si hay hijos de por medio, también puede ser necesario firmar un contrato donde se plasme que uno de los dos cónyuges debe pasar al otro una partida de gastos correspondiente.

A nivel médico, cualquier tipo de operación quirúrgica o el traspaso de datos personales requieren la autorización del afectado. En este sentido, también se debe firmar un contrato que lo autorice. Por esta razón, en todas las esferas de la sociedad en que vivimos estamos rodeados de contratos. Incluso, el pasado mes de mayo, cuando entró en vigor el último Reglamento de Protección de Datos emitido por la Unión Europea también se firmó un contrato. En este sentido, nos pasamos la vida contratando y con contratos en nuestro alrededor. Es la sociedad digital que nos ha tocado.

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