La economía se basa en la medición y la interpretación para poder realizar un diagnóstico que nos aporte soluciones, especialmente a nivel macroeconómico. Por ello, existen diferentes indicadores que nos permiten medir las diferentes partes macroeconómicas de cualquier Estado. Uno de los más utilizados es el Producto Interior Bruto (PIB), junto al Producto Nacional Bruto (PNB). Entender la diferencia entre ambos y cuál es la utilidad que realizan nos permitirá hacer una radiografía real de lo que ocurre en un Estado a nivel macroeconómico. Es importante saber comparar los diferentes indicadores y cruzarlos, ya que de otra manera, será imposible realizar una fotografía que se corresponda con la realidad. De hecho, este tipo de indicadores también pueden servir para encontrar oportunidades de inversión.

¿Qué es el PIB?

A nivel macroeconómico, el PIB mide a nivel monetario todas las producciones de bienes y servicios dentro de las fronteras de un país durante un período de un ejercicio, es decir, un año o 365 días. En este sentido, la principal diferencia con el PNB radica en quién produce dichos bienes o servicios. Mientras que el PIB pone énfasis en empresas tanto nacionales como internacionales, el PNB hace lo contrario. Al PIB solo le importan las fronteras. La única condición es que los productos y servicios se hayan realizado dentro de un país. En cambio, el PNB se centra en que el productor sea originario del país que se está analizando. Si cogemos el caso español, el PNB de España serán todos los bienes y servicios que hayan producido empresas españolas alrededor del mundo durante un mismo ejercicio, es decir, un año o 365 días. La contabilidad nacional que realiza cada uno de los países del mundo utiliza, en gran parte, este tipo de indicadores. Sin embargo, algunos expertos avisan que hay algunos factores que le quitan algo de realidad, especialmente, a la hora de medir toda aquella economía que no se declara ante la Hacienda y, que por tanto, no puede tenerse en cuenta con exactitud. La economía sumergida se tiene en cuenta a la hora de hacer el cálculo del PIB a partir de una estimación que realizan los expertos y que permite aportar un valor aproximado. Sin embargo, la macroeconomía de un país requiere de la máxima exactitud y la creciente economía sumergida no permite conseguir este tipo de valores. Otros factores como las legislaciones ecológicas o sociales también pueden ser factores que hagan variar el valor del PIB.

El valor del PIB mide un flujo de bienes o servicios durante un período determinado, que aunque no se especifique de forma clara ya se sobreentiende que hablamos de un mismo ejercicio o año. Otro de los conceptos que hay que tener claro cuando leemos un valor del PIB es que éste solo integra productos o servicios finales, es decir, cualquier tipo de proceso de producción que se pueda realizar durante ese mismo ejercicio no será tenido en cuenta bajo ninguna circunstancia. Esto también permite restar algo de realidad absoluta a este tipo de valor ya que un flujo de dinero también se mueve durante algunos procesos de producción de bienes compuestos que requieren un largo camino antes de llegar a su versión final. Obviamente, cada una de las empresas expresa su volumen de producción en unidades totalmente diferentes, mientras que el valor del PIB es universal. Por tanto, a la hora de realizar el cálculo del Producto Interior Bruto de un país es necesario que las unidades de producción sean totalmente homogéneas ya que de otra manera el valor que saliera del resultado sería totalmente engañoso para aquellos que lo leyeran, especialmente cuando se compara a nivel internacional con otros países. Sin embargo, para evitar cualquier tipo de controversia se conocen dos tipos de PIB diferentes, que explicaremos a continuación, y que permite hacer una lectura más acurada de la situación de un país a nivel macroeconómico. De hecho, las fuentes de financiación en forma de préstamo de los bancos también requiere en gran medida de este tipo de indicador.

Uno de ellos es el PIB nominal, que se centra en estudiar cada uno de los valores monetarios durante un ejercicio cuando los productos o servicios están a su precio habitual. De hecho, cuando existen períodos donde la inflación puede ser alta, aumentar los precios puede ser suficiente para conseguir un aumento del PIB. Por esta razón, los expertos consideran que el mejor indicador para medir el impacto del Producto Interior Bruto en un país es el deflactor del propio PIB, que se obtiene a partir de la división del PIB nominal por un indicador de precios. Por otro lado, también encontramos el PIB real. Para conseguir dicho indicador debemos tener en cuenta el deflactor del PIB anterior, así como los índices de inflación. Se centra especialmente en todos aquellos bienes y servicios que se producen dentro de las fronteras de un país teniendo en cuenta los precios valor anuales del mismo Estado. El PIB es considerado el punto de partida del resto de indicadores y, por ello, su importancia en estos aspectos es capital para todos ellos. Se considera que este valor surgió a lo largo del siglo XX, en medio, de un gran debate. Un importante economista puso en duda que el PIB por cápita (es decir el PIB dividido entre el número de personas de un mismo país) sirviera para medir el bienestar de las personas. Se suele decir que la riqueza no da la felicidad, aunque el aviso de este economista no fue tenido en cuenta bajo ninguna circunstancia, y actualmente es uno de los indicadores más importantes que los sociólogos utilizan para realizar sus análisis en las diferentes sociedades de alrededor del mundo. Este fue el aviso de Simon Kuznets, que pese a toda la controversía que conllevaron sus palabras, no le impidió conseguir el Premio Nobel de Economía durante la década de los 70.

Ventajas de contar con un buen PIB

Con todo, contar con un buen indicador del PIB comporta grandes ventajas para cualquier país del mundo. Las más destacadas son las siguientes:

  • Su lectura es sencilla. Es la principal ventaja para los economistas. Solo hay que leer un solo número y compararlo con el resto de países. Esto aporta mucha simplicidad para unos profesionales de la economía que tienen que lidiar con muchos indicadores.
  • Mide el bienestar de un país. Pese a que ya hemos debatido acerca que el PIB pueda medir el nivel de felicidad de las personas, actualmente los economistas lo creen argumentado que si el valor del PIB es alto, la población tendrá dinero para adquirir los bienes y servicios que necesita.
  • Mucha producción en un país. Otro de las situaciones que nos indica un PIB alto es que existe mucha producción dentro de las fronteras de un país y, por tanto, la población activa también será más alta que en otros países donde el valor sea más bajo.
  • Nivel alto de inversión. Acompañado con un bajo paro en un Estado, un valor alto del PIB también se traducirá en niveles altos de inversión por parte de las empresas que eligen un territorio determinado para desarrollar sus negocios.

Sin embargo, son muchos los que ponen en duda el valor del PIB al considerarlo un dato inexacto al no tomar en cuenta los datos macroeconómicos exactos de la economía sumergida ni tampoco diferencia entre lo que es consumo de calidad o no. Ante cualquier desastre natural, el PIB incluirá una inyección de dinero que no sirve para aportar calidad ni bienestar a la población. De ahí, la importancia de cruzar los diferentes indicadores para obtener una visión más exacta del nivel de bienestar que puedan tener los ciudadanos de un territorio e interpretar correctamente las diferentes soluciones que tenga que aportar un gobierno para remediar este tipo de situaciones.

Cómo conseguir un buen PIB

El objetivo de cualquier Ministerio de Economía de algún país del mundo es conseguir un valor alto del PIB. Para ello, existen múltiples métodos que vale la pena echar un vistazo. El primer paso es conseguir un sistema de población que sea eficiente y que esté motivada para producir de forma eficiente dentro de las fronteras de un Estado. Obviamente, hay algunos puntos base que han de cumplirse, especialmente a nivel de educación y salud. Si las personas no tienen un nivel mínimo de educación, difícilmente aportarán su granito de arena. Cuánto más formados estén mejor será para la población. Con la salud pasa exactamente lo mismo. Un Estado hace una inversión en personas a nivel educativo, esperando un retorno a lo largo de la vida laboral de estas personas. Sin embargo, si la mayoría de la población tiene una esperanza de vida de 45 años, durante poco tiempo podrán aportar su granito de arena. Medidas educacionales y sanitarias son la base para iniciar un camino de aumento en el Producto Interior Bruto.

La motivación es otro de los grandes factores para conseguirlo. A las personas les gusta recoger frutos por su trabajo y, por ello, si ven que trabajan para que el dinero se lo lleve otro, el nivel motivacional descenderá. Es importante contar con un sistema judicial eficiente que evite casos de corrupción que puedan provocar incluso que personas se vayan a vivir a otro país. A estos factores básicos se les puede añadir otro como garantizar el libre comercio. La historia ha demostrado que cuando se popularizó el comercio mundial con el descubrimiento de las colonias americanas, y el fin del aislamiento en el que vivían países como la URSS o la China, el PIB aumentó. Obviamente, hay que aportar calidad para recoger frutos. Por ello, trabajar en la innovación es tan o más importante que el libre comercio. Internet y las nuevas tecnologías han contribuido a implementar numerosos sistemas tecnológicos que dan nuevas oportunidades de inversión online. Amazon es el caso más claro que ha conseguido convertirse en la tienda con más ventas del mundo sin contar con ningún tipo de punto de venta físico en ninguno de los territorios.

Para conseguir dicha innovación es importante que el Estado invierta capital en I+D+I. De no hacerlo, otros países que sí lo hagan pasarán la mano por la cara y este Estado se quedará a la cola del resto. Aunque el PIB no sirva para medir de forma exacta el bienestar de la población, sí que contribuye a detectar aquellos problemas macroeconómicos que puede sufrir cualquier tipo de país. Con todo, el PIB es considerado el punto de partida de cualquier tipo de indicador macroeconómico que permita medir el estado y la gestión de un Gobierno. Como pasa con los números son interpretables y, por tanto, es crucial cruzar diferentes indicadores para tener una visión real de lo que está sucediendo en cualquier territorio y pueda tener armas reales para encontrar soluciones beneficiosas para todos las personas.

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